El pueblo suizo donde todo es de todos (o casi)

650_1000_640px-törbel-strasseUna de las ventajas de viajar mucho (o de leer mucho, que es una forma de viajar sin moverse del sitio) es que descubres un innumerable abanico de formas de organización social que jamás se te habría pasado por la imaginación (y que en el plano teórico posiblemente le augurarías un fracaso estrepitoso).

Por ejemplo, un lugar donde un gran cantidad de bienes y servicios son públicos, de todos, y la gente los usa con cabeza y no despilfarra los recursos. Tal vez algo tan utópico solo pueda funcionar en países nórdicos o en sitios tan edénicos como Suiza. Por eso este lugar está enclavado, precisamente, en tierras helvéticas.

Para comprobar con nuestros propios ojos este planteamiento de camping hippie desfasado (y que sin embargo funciona estupendamente), deberemos trasladarnos hasta la comuna suiza de Törbel, que cuenta con unos 600 habitantes.

Desde hace siglos, los habitantes de Törbel cultivan en sus propias tierras verduras, cereales y frutas, además de heno para alimentar a sus vacas durante el invierno. Y en los meses de verano, las vacas pastan en prados alpinos de propiedad comunal. Con la leche de estas vacas se produce el sustento básico de la economía de Törbel: el queso.

650_1000_muehle_toerbel-1El uso de estos terrenos, regulados comunalmente desde 1483, que especifica normas para el mantenimiento de los prados, los bosques, los sistemas de irrigación y los caminos que unen las tierras privadas con las comunales, solo está permitido a los residentes. Las reglas también evitan el sobrepastoreo: nada de llevar más vacas de los que se pueda alimentar con los pastos disponibles.

Finalmente, tal y como explica Jeremy Rifkin en su libro La sociedad del coste marginal cero, los beneficios se reparten así:

Las vacas enviadas a la montaña para pastar en verano se cuentan al principio de la estación para determinar la cantidad de queso que recibirá cada familia en el reparto anual. La asociación de miembros del procomún celebra asambleas anuales para hablar de la gestión, revisar los acuerdos y elegir a la junta. La asociación también se encarga de poner multas, organizar el mantenimiento de caminos y carreteras, reparar infraestructuras y cobrar cuotas a los miembros para pagar los trabajos realizados. En general, estas cuotas son proporcionales al número de vacas que posee cada familia. La asociación también marca los árboles que se van a talar para leña o para la construcción, y los asigna al azar a las familias para que se encarguen de la tala.

Törbel no es un rara avis en Suiza: más del 80 % de la región alpina del país está gestionada por un sistema mixto que combina la propiedad privada para la agricultura con la gestión de espacios comunes como prados, bosques y eriales.

Sin duda, un ejemplo envidiable de gestión sostenible y de lo que se puede lograr cuando la sociedad se organiza como mejor le conviene. Una mezcla armónica entre sentido comercial y sentido social. Y, además, es un lugar precioso en el que la gente parece muy, muy feliz. Como Heidi.

Fotos | Wandervogel | Andiwyss

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