Blogtrip en bus a Lyon: la ciudad del cine y las calles empedradas tras un filtro de Instagram

640px-El_Ródano_por_Lyon._Rhône_-_LyonEl pasado 17 de diciembre de 2013 tuve la oportunidad de hacer una escapa rápida a Lyon, que si bien no es la capital de Francia, sin duda es la capital gala en lo tocante a lo gastronómico (es la ciudad francesa que más estrellas Michelín atesora). También aquí nació el cine. Y el Principito. Y el guiñol. Así que ya os podéis imaginar hacia qué punto cardinal apuntaba mi brújula: una orgía gastronómico-literaria-cinematográfica.

El viaje, además, lo realicé de un modo distinto: a través de iDBUS, una nueva línea de buses para viajar de noche que está equipada con WiFi y un enchufe cada dos asientos para mantener alimentados tus gadgets. Así puedes optar para ir tumbado durmiendo o, por el contrario, navegar a través de tu dispositivo favorito. Salimos de la Estación del Norte de Barcelona a las 23:00 h, y arribamos a Lyon a las 7:30 h.

tag_altercities_1387373495A esas horas tan tempranas, en Lyon aún no se atisbaba la claridad del Sol. Una lástima, porque el día parecía claro, y en los días más claros, desde un punto lo suficientemente elevado, se pueden avirozar en lontananza los titánicos Alpes. Tras llenarnos las venas con una dosis extra de café matutino, pues, iniciamos la marcha rumbo al hotel en el que nos íbamos a hospedar aquella noche, el Dauphin, en la calle Victor Hugo, justo al lado de la plaza Bellecour, la plaza peatonal más grande de Europa. De camino nos topamos, también, con la Brasserie Georges (Cours de Verdun-Perrache), que aún no ha abierto sus puertas, pero que cuenta con el comedor más grande del mundo.

Era una hotel pequeño, cuco, pero recién reformado al estilo Ikea. Pero lo mejor del Dauphin era su localización: quedaba cerca de todo. Concretamente, estábamos casi en el centro de la isla de tierra que se sitúan en el centro de Lyon, rodeados por los caudalosos ríos Ródano y Saona.

Viejo Lyon

la fotoEl Vieux Lyon está compuesto por tres barrios diferentes. Sus calles son todas entrañables. Puedes hacerle fotos a todo y todo saldrá bien, como si usaras filtros de Instagram sin usarlos. No en vano, la zona ha sido declara como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Los más divertido (y práctico) de callejear por el característico suelo empedrado del casco antiguo de Lyon es que muchas vías están conectadas entre sí por los llamados traboules, antiguos pasajes que, desde la Edad Media, comunican calles paralelas a cielo cubierto. Intrincados pasajes que casi parecen cuevas, oscuras, casi imperceptible,s pues a veces las entradas (que incluso tienen puerta) pueden confundirse con una finca privada. Los pasajes atraviesan los edificios. Se recomienda no hacer ruido para no molestar al vecindario. Y aquí, de una forma muy gráfica, se entiende que Lyon haya sido el epicentro de la resistencia numantina contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

la fojtoLas calles del viejo Lyon están repletas de restaurantes típicos y de tiendas temáticas abrumadas de objetos de toda índole. Si pretendéis verlo todo, apenas avanzaréis cinco centímetro por hora. Incluso los caracoles o las tortugas llegarán horas antes que vosotros al final de cualquier calle.

Como ya hacía un rato que el sol había salido, y los borborigmos procedentes del estómago nos avisaban de que ya era hora de desayunar, nos detuvimos en una cafetería muy cuca en Rue de Saint Jean: La Marquise. No podéis iros de Lyon sin comer un pastel, un pan, o lo que sea, recubierto de praliné: una especie de esfera de azúcar rojo en cuyo centro se esconde una almendra. Echan eso por encima de mil cosas, troceado irregularmente, como una vajilla que se ha caído al suelo. Aunque para los más golosos también existe la opción de comer las esferas a palo seco, enteras. Como para desayunar soy más de saldado que de dulce, dejé el praliné para la merienda, y me decanté por una quiche de espinacas y salmón. Deliciosa.

La ciudad del cine

tag_altercities_1387374107Uno de los sitios que más me apetecía visitar de la ciudad de Lyon era el Museo de las Miniaturas. Sí, lo siento, en el Trivial Pursuit siempre me decanto más por el quesito rosa, el de Cine y Espectáculos, que por el de Historia y Geografía.

Por ello, tras el desayuno en La Marquise, una de las primeras cosas que hicimos en Lyon fue visitar el mencionado Musee des Miniatures et decors de cinema, a pocos metros de allí, en la misma Rue de Saint Jean. En la entrada ya podéis disfrutar de algunos ejemplos, como el robot procedente de la película Yo, Robot, protagonizada por Will Smith. Pero hay muchísimo más. El museo es un poco caro, pero vale mucho la pena entrar. Por fuera parece pequeño, pero luego te encuentras con varias plantas, y ocho salas grandes con cientos y cientos de objetos usados de verdad en películas de todos los tiempos, generalmente de fantasía o ciencia ficción.

tag_altercities_1387486472-1Por si esto fuera poco, los sótanos están dedicados en exclusiva a la adaptación cinematográfica de la novela El perfume, de Patrick Süskind, con escenarios completos meticulosamente reconstruidos. Y las plantas superiores están dedicadas a cientos de escenarios en miniatura. Imaginad cualquier cosa, desde una habitación a un restaurante, pasando por una tienda de comestibles o un museo de historia natural. Todo ello está metido en un receptáculo convenientemente iluminado del tamaño medio de una caja de zapatos. Las siguientes fotos os parecerán escenarios reales, pero ninguno tiene más de diez centímetros de altura. El grado de detalle es tan elevado que puedes dedicarte durante minutos a buscar infructuosamente el mínimo error. Tal vez con un microscopio electrónico…

tag_altercities_1387486853 tag_altercities_1387486853Se percibe que en Lyon nació el guinyol, por su especial afición al cine, a las miniaturas, a los muñecos. Y no sólo porque encontraréis aquí miles de objetos y reproducciones de guinyoles, sino porque en Lyon también se produjo un hito cinematográfico: la primera película del cine de la historia se rodó en Lyon.

tag_altercities_1387467591Como aún podíamos consumir más inputs cinematográficos, nos acercamos en metro (desde la parada de Viex Lyon apenas hay diez minutos de trayecto) hasta Rue du Primer Film. Allí se levanta el museo Lumiére, en la que antaño fue la casa Art Noveau de los hermanos Lumiére. Y sí, aquí se rodó la primera película de la historia: Salida de los obreros de la fábrica. Sólo dura 50 segundos, así que llamarlo película quizá sea un poco excesivo, pero para los primeros espectadores fue un espectáculo que probablemente se les grabó en las retinas para el resto de sus días.

El Principito

Aquí nació el Principito. Bueno, su autor: Antoine Saint-Exupéry. En Rue St. Exupéry es donde nació este escritor, que inventó uno de los personajes más populares del mundo antes de partir con su avión en 1944 y perderse para siempre. ¿Se lo habrá tragado una boa gigante?

tag_altercities_1387468393A pesar de que en las tiendas rebosan artículos relacionados con El Principito, uno de los lugares más especiales donde contemplarlo es el Fresque des Lyonnais, en Rue de la Martiniere, 2. Es una enorme fachada de un edificio pintada de forma realista como si en ella hubiese balcones donde se asoman los personajes más icónicos de los últimos 800 años de la historia de Lyon. Desde Saint-Exupéry junto a su Principito, hasta los hermanos Lumiére, André-Marie Ampere, e incluso el contemporáneo Paul Bocuse, el equivalente francés por su proyección mediática y gastronómica de Gordon Ramsey, Jamie Oliver y otros cocineros televisivos.

Alquiler de bici

tag_altercities_1387401887Lyon es una ciudad enorme, jalonada de parques preciosos (en uno de ellos, incluso, coexiste un zoológico completamente gratuito). El transporte suburbano es muy eficiente, pero ir bajo tierra te impide disfrutar de las fachadas, las calles, los interminables paseos que bordean el Ródano y el Saona. Por ello, la mejor opción para conocer Lyon a otro ritmo, sin que vuestros pies echen humo, es usar una bicicleta. Además, todas las calles de Lyon tienen sus carriles bici, perfectamente delimitados.

Bien, ahora diréis que os da pereza. Tenéis que buscar una local de alquiler de bicicletas, firmar papeles, interactuar con gente, etc. No, aquí hay 300 puntos de alquiler automático de bicicletas urbanas. Ya, diréis, entonces habrá que sacarse un carnet, o empadronarse en Lyon, o dominar muy bien el idioma… Nada de eso. Alquilar una bicicleta en cualquier rincón de Lyon es una de las tareas más fáciles que podáis imaginar. De hecho, yo tardé apenas tres minutos en hacerlo.

En primer lugar, el menú del alquiler está en el idioma que tú escojas, incluido español. En segundo lugar, sólo tienes que introducir tu tarjeta de crédito para que te carguen 150 euros, que te serán retornados cuando devuelvas la bicicleta en cualquiera de los 300 puntos de alquiler. Y nada más, ni tarjetas especiales, ni inscripciones, ni nada. Retiras el anclaje de la bici, pedaleas, vuelves a anclarla en otro lugar, y te cobran exactamente por los minutos que has circulado. Y todo ello a un precio verdaderamente competitivo. En total, hay alrededor de 4.000 bicicletas disponibles de 3 velocidades, sin platos ni piñones, y con un cesto delantero. Se pueden alquilar los 7 días de la semana las 24 horas del día.

tag_altercities_1387475922Cogimos una bicicleta muy cerca del Fresque des Lyonnais, y nos dirigimos hacia el norte, siguiendo la ribera derecha del Ródano, en dirección al enorme parque Tete D´Or. Algo así como el Central Park de Lyon. Con un añadido: aquí dentro hay un zoológico totalmente gratuito, integrado en la propia naturaleza. En una esplanada, también, despunta la frase promocional del turismo de Lyon: Only Lyon. Donde yo puse la X con mi cuerpo.

Llegar hasta el parque habría supuesto una hora de camino, pero en bicicleta apenas llegamos en quince minutos. Nos cruzábamos constantemente con otros ciclistas y runners. Las vistas eran inmejorables. El ruido del tráfico apenas era audible. Y, progresivamente, alcanzábamos las afueras de la ciudad, integrándonos un poco más con la frondosa naturaleza que rodea la urbe.

Gastronomía típica

A no ser que tengas la cartera muy abultada o estés dispuesto a desembolsar 200 euros por un menú, la opción gastronómica más recomendable para probar Lyon vía paladar queda lejos de las estrellas Michelín, aunque probablemente resulta mucho más cercano, local e interesante. Son los llamados bouchon, restaurantes típicos decorados a la antigua usanza, con típicos manteles de cuadros, y platos copiosos y muy calóricos. Aquí toda la comida parece proceder de la marmita en la que se cayó de pequeño Obélix.

No en vano, el término de bouchon procede de bouche (boca), y hace referencia a los muñecos de paja que se situaban antiguamente en algunos establecimientos en los que se servía vino y que mantenían la boca muy abierta. Y es que hay que tener la boca abierta para acabarse los platos de un bouchon.

Los lyoneses son muy puristas con los bouchon, así que incluso cuentan con una lista de los bouchon verdaderamente auténticos, como Chez Georges (Rue du Garet, 8) o Chez Paul (Rue Major Martin, 11). Eso sí, tened cuidado. Los bouchon auténticos no abren sábados y domingos, y los días de cada día suelen estar siempre completos: se aconseja reservar. Yo escogí uno de ellos: Daniel et Denise, que hacía poco había sido galardonado con el premio al mejor bouchon de Lyon. Sin embargo, en vez de probar el tradicional, probamos uno que estaba en el Viejo Lyon que tenía maneras un poco más modernas, y que el chef Joseph Viola había abierto posteriormente debido al éxito del primero (y a que conseguir mesa en él es como encontrar un trébol de cuatro hojas): Daniel et Denise Saint Jean.

Algunos de los platos que debéis probar sí o sí tienen que ver, esencialmente, con la casquería. Andouillete, una salchicha elaborada con la parte del intestino y el estómago del cerdo que suele prepararse a la parrilla y se consume acompañada de mostaza. Quenelle: aspecto similar a una salchicha pero está confeccionada a base de sémola de trigo o harina y mezclada con huevos, mantequilla y leche. Y, para abrir apetito, ensalada lyonesa: más que una ensalada parece un plato combinado, porque lleva lechuga, tocino, queso parmesano, huevo, trozos de pan y una salsa vinagreta.

Con el buche lleno, hasta casi reventar las costuras de la ropa, al anochecer tomamos nuestro iDBUS desde Lyon en dirección a Barcelona.

Fotos | Sergio Parra

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